Huaraz, que es la capital de la región Ancash es una ciudad agradable, está ubicado en altura, en más o menos tres mil metros sobre el nivel del mar, altura que va ascendiendo cuando te diriges a distintos lugares que los guías te ofrecen llevar una vez que bajas del bus. Así pasó con nosotros, se nos acercó Max ofreciéndonos el servicio de guía y hospedaje, después de muchos arreglos y conversaciones aceptamos.
Empezamos temprano, realizamos una excursión de una belleza alucinante, recorrer los paisajes huaracinos es una actividad que deberían hacer todos los peruanos, y en general todas las personas…se disfruta de un aire fresco que te llena los pulmones de pureza absoluta, el cielo suele amanecer con algo de sol, si bien no es un sol costeño encendido, sino mas bien un solo cojudo, cobarde, este solcito es convertido unas horas después en un cielo que construye inconscientemente unas nubes preciosas, blanquitas, cargadas de harta gracia celestial, figuras se dibujan allá arriba en el techo que cubre a todo Huaraz, y en la tardecita como a las cinco o seis se puede apreciar algo de lluvia que cae como pidiendo permiso para horas mas tarde hacer su ingreso triunfal con un fuerte diluvio.
Hoy el cielo está despejado, la camioneta de Max, nos está esperando afuera del Hotel Casa Blanca donde nos estamos hospedando, las tres estamos listas para comenzar a conocer las maravillas de esta tierra andina que ya me está empezando a agradar. La guía que hasta el momento ha caído en simpatía nos ha comentado que haremos un tours por el Callejón de Huaylas, que de pasadita veremos los baños termales de Monterrey, y nos ha recomendado que si lo deseamos nos levantemos bien tempranito para disfrutar de estos baños que son singularmente curativos, vamos a pasar por los pueblos de Carhuaz, Ranrahirca, Recuay, el Campo Santo de Yungay, y la laguna de Llanganuco, además bajaremos a probar los deliciosos dulces de Caraz, y luego observaremos los centros artesanales de Taricá.
Caraz, que tiene el toque de pueblito andino, lindo, chiquito y acogedor nos ha recibido con algo de solcito, no hemos podido disfrutar mucho de este pueblo porque la guía que al principio parecía bastante amigable, nos ha pedido que nos apuremos, pero nos ha prometido volver a nuestro regreso de la laguna de Llanganuco. Para conocer esta última hemos entrado primero a la reserva natural del Huascarán, mientras la guía pagaba las entradas, una señora de particular vestimenta se ha subido al bus para vendernos choclito con queso, otras personas te ofrecen hojitas de coca, y algunos te dicen que comas algo de chocolate para el frío que se siente cuando estás en la laguna. En Llanganuco mientras te subes al botecito que ahí se ofrecen por hacerte el recorrido en círculos en la misma laguna, puede uno darse cuenta de la flora alucinante que la rodea, el color verde turquesa del agua es casi, casi irreal, y aunque las ganas de meterse y sentir el agua en todo el cuerpo son inimaginables, esto se quita al instante cuando sientes el frío fortísimo alrededor del cuerpo, de fondo se ve el Nevado Huascarán, aquí sientes un frío tan intenso que se te eriza la piel, pero cuando llegas a tierra firme, el frio se va perdiendo un poco.
-Señor… ¿le ayudo a remar?
-No- me dijo
Ha sido un no rotundo, un no, de “déjame hacer mi chamba, hijita”. Me he lamentado profundamente, porque mis ganas de querer remar un ratito en Llanganuco son agigantadas, pero el hombre mayor que nos traslada me lo ha negado.
-Más bien, ponte más en medio, porque me desequilibras el botecito, y terminaríamos por caernos.
-Ya señor- le he dicho con algo de pena
Saliendo ahí no más del botecito, he encontrado una de las figuras que más me gustaron de ese viaje, he visto de lejos a Pedro José acompañado de su dueña, una señora espectacular, con una belleza tan propia de los andes, ella lleva un sombrero de color marrón oscuro, una camiseta de color rosado que solo se permite ver una parte, porque la cubre una chompa rojita, encima de esto tiene una lliclla donde resalta vivazmente el rojito, amarillo y rosado de sus tejidos, abajo tiene una falda rojita también, quizás porque hace juego con la chompa, debajo lleva unos pantalones negros, las medias azules como el color del cielo resaltan ante el sombrío color de sus zapatos, y él mi Pedro José es llevado por una soga que mantiene amarrada su boca, quizás para evitar los escupitajos que suelen lanzar las alpacas cuando no se encuentran a gusto con las personas, al fondo se ve Llanganuco inmortal, turquesamente radiante, y el Huascaran y su pico cubierto con nieve que parece algodoncito hacen que esta figura, para mi una de las mejores que he visto en mi vida, me permitan decir que el Perú es buenísimo.
Después de habernos comido una trucha bien frita, nos hemos dirigido al Campo Santo de Yungay donde me ha invadido una pena poco imaginable, se siente un espíritu inmensamente triste quizás porque allí debajo del césped que estoy pisando descansan familias enteras que fueron enterradas por un aluvión producto del terremoto del 70´. Esa historia me ha puesto algo melancólica. Papá me había contado que el día que sucedió el terremoto, que se sintió en todo el Perú, era la inauguración del Mundial de México- 70, y que todos en sus casas estaban atentos a esto cuando un fuerte movimiento de la tierra los hizo salir espantados hacia las calles, no imagino como habrá sido sentir eso acá en Huaraz, donde dos ciudades enteras terminaron por ser enterradas.
Hemos probado los dulces en Caraz, algo de manjarblanco de lúcuma, el sabor de la leche se siente riquísimo, por algo el ya histórico Raymondi le había colocado al estilo de spot publicitario “Caraz, dulcura”. Para que el viaje no se note demasiado, nuestra guía ha decidido cantarnos un huaynito titulado “Callejon de Huaylas” y que entre sus versos asoman estas palabras:
“callejón de Huaylas, tierra prodigiosa/ todos te llaman suiza peruana/ por la belleza de tus picachos vestido de blanco, verde esperanza/ bordeaditos por los richauelos cual si fuera de los de plata/ agua de chunga, remedio divino/ pueblo de Yungay jardín hermoso, eres la vena encrustada en la roca andina tierra ancashina/ donde se curan todos los males y/ se olvidan las penas del alma…a Huaraz llegarás, a Carhuaz pasarás/ llegando a Caraz, allí te quedarás, devuelta a Carhuaz chichita tomarás/ llegando a Huaraz cerveza tomaras…”
Un viaje de aproximadamente dos horas nos esperan para llegar a los centros artesanales de Taricá...